¿Sabes qué?, llamemos a las cosas por su nombre.
El miércoles escribí tres correos que no envié. Alguno lo guardé en la bandeja de borradores aún a sabiendas que no enviaría nunca. El jueves también podía haber sido un buen día para hacer que las noticias volasen pero tampoco lo hicieron, tampoco las hice volar. Ayer me vi sola, subida a los tacones de aguja, estrenando medias y desempolvando una falda de hace al menos cuatro años que sólo me puse una vez. Ayer me vi sola, ocultándome el cuello como podía del villano aire mientras cruzaba la avenida hasta llegar al “punto de encuentro”, donde abundaban las corbatas y las perlas cogidas de la mano.
Dentro del lento movimiento en que me muevo y en el que a veces pienso, es como si viviera dentro de una pecera; parece, hay algo, un mínimo, un incipiente sentido del equilibrio, tan insólito en mí. Nadie es partícipe en primera persona y la sensación sin embargo, me parece egoísta, de tal modo que anoche era precisamente esa noche que, tras acabar con el protocolario encuentro debíamos haber luchado juntos contra el viento y las aceras vacías hasta acabar cenando en esa taberna mía favorita a la luz de unas velas y haber seguido alimentando la ilusión del alma y la felicidad compartida entre las sábanas. Anoche era la noche.
Sé que hay quien se interesa, pero no por mí y con el deseo de que por fin las cosas puedan empezar a irme bien, sino por la curiosidad-bandera de una envidia inhumana y vergonzosa. Y ahí el juego de informar entra en conflicto y tampoco quiero hacer volar las noticias en ese flanco.
Y, volviendo a nosotros, siento que nos movemos en plena crisis de subsistencia y tengo la impresión de que luchamos no ya por mantenernos en pie en el campo de batalla sino que lo hacemos además, en bandos distintos.
5 commentaires:
Debes aprender a soltar las noticias cual bombas, estudiar la reacción y de nuevo aprender. No temas las reacciones, tan sólo teme con prudencia. Aquél que se sienta aludido es el que esconde las intenciones.
Un beso.
No es fácil calcular cuándo llega un momento y el modo en que acaba. Hubo un día, en diciembre, en el que me di cuenta que todo había acabado porque la necesité y no estaba. En cierto modo, llegar a ese tipo de certezas es un avance. Si el teléfono te quema al marcar su número es que hay dos caminos.
quizás en este guerra no existan los bandos, quizás todos luchamos por lo mismo pero de distinta manera.. a saber...
si leo que te va bien o lo intuyo me alegro tanto, el año pasado parecías triste, hasta llegué a pensar de que estabas enfermita, estuviste un poco desaparecida, pero pensé que podía ser esa manía mía del orden (no del doméstico), sino esa manía de todo el mundo de encontrar las cosas o la rutina dónde la dejamos o encontrarnosla mejorada, por nosotros mismos, sí.
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